Trabajando para unir Santa Lucía de Tirajana de costa a cumbre
En estos días de carnaval tardío en la comarca del sureste, y más concretamente en el denominado como municipio del viento, bajo el lema “Mundos mágicos y seres fantásticos”, se celebró uno de los actos más esperados del Carnaval de Vecindario en el Teatro Víctor Jara: la representación de la alegoría del carnaval.
Para mí, este es uno de los momentos más importantes de la programación cultural municipal. Y no solo por el espectáculo en sí, sino por lo que representa. Más de 200 vecinos y vecinas se suben al escenario para dar color, forma y sentido a una historia fantástica que, para este joven pueblo, llamado a convertirse en una gran ciudad, empieza ya a formar parte de su arraigo comunitario, conectando directamente con nuestra identidad colectiva.
En tiempos donde la vida cotidiana parece empujarnos hacia el individualismo, actos como este recuerdan la fuerza de lo comunitario. El carnaval, con su imaginación desbordante y su espíritu festivo, se convierte así en un espacio donde Vecindario se mira a sí mismo y se reconoce.
Pero antes de entrar a analizar cómo, en esta edición, la política también ha encontrado su hueco en la alegoría, con paralelismos que no resultan difíciles de identificar para cualquiera que frecuente la Avenida de las Tirajanas o la Avenida de Canarias, conviene hacer una pausa.
Una pausa necesaria para reconocer y felicitar a todos los participantes de esta edición, sin excepción. A quienes se subieron al escenario y dieron vida a la alegoría, a sus familias por el apoyo silencioso que hace posible cada ensayo y cada función, y también a los trabajadores municipales que, desde la trastienda de la organización, sostienen con su trabajo diario buena parte de la maquinaria cultural del municipio.
Todo ello, además, bajo una dirección artística fina, cuidada y elegante, que demuestra que cuando hay talento, compromiso y visión cultural, las cosas salen.
Porque si algo demuestra este acto es que, más allá de debates políticos o coyunturas municipales, la cultura sigue siendo uno de los espacios donde el pueblo se reconoce y se expresa con mayor libertad. Y eso, en los tiempos que corren, no es poca cosa. Chapó.
Ahora bien, la cultura también es un espacio para la crítica social, y más aún en el carnaval, donde el disfraz parece soportar mejor la crítica. Alerta spoiler de la alegoría aunque tampoco demasiado, porque todavía pueden disfrutarla a través del canal de Radio Tagoror en la plataforma YouTube.
En la historia aparecen cuatro reinos: el reino de los bosques, el reino de los hechiceros y las hechiceras, el reino de las sirenas y los tritones, y el reino de los hombres. Tras la muerte del rey de todos los reinos, cada uno entra en ebullición en busca de la sucesión. Todo parece discurrir con aparente buen rollo, al fin y al cabo, hasta ese momento gobernaban en consenso, pero ya sabemos que cuando el trono queda vacío, la armonía suele durar lo que dura el primer susurro de poder.
El paralelismo político no es difícil de adivinar. El rey caído bien podría recordar a Nueva Canarias, ya sin voz en el último pleno municipal y, quizás, con cierta sed de revancha en el reino tirajanero. En esta alegoría serían, sin duda, el reino de los hombres, acostumbrados a las pasiones del poder, a las intrigas palaciegas y a esas batallas que deja la política cuando se pierde el trono.
Por otro lado, en el mundo tirajanero de las hadas parece emerger lo que algunos han querido llamar una “nueva forma de hacer política”. Un tono distinto, sí, pero también con claras aspiraciones de poder y, sobre todo, con pocas ganas de ceder terreno. Les llaman los primeros porque vuelan, aunque la clave estará en saber cuán alto cree volar su líder.
Queda por ver, además, qué papel jugará el reino de los hechiceros, donde parece abrirse paso un liderazgo bicefálico: sin demasiada presencia en el pleno, pero con la cara todavía roja y algo ensangrentada por las últimas batallas políticas. Habrá que comprobar si su magia termina dando alas a las hadas o si, por el contrario, acaba prestando apoyo a los humanos.
Y, por último, está el reino que vive bajo el mar. Sin sirenas, pero con un único tritón. Sin demasiadas ganas de gobernar el reino, pero con voluntad de estar presente. Con poca fuerza para desembarcar en Pozo, aunque con ese deseo tan particular de falsa unidad que suele aparecer cuando las mareas políticas empiezan a agitarse.
La gran pregunta es si los cuatro reinos serán capaces de calmar la tempestad, dejar a un lado las pequeñas batallas del terruño particular y mirar un poco más lejos: hacia el cielo, hacia el suelo… y quizá también hacia el interés común.
Porque, al final, el carnaval tiene esa maravillosa costumbre de disfrazar la realidad para que podamos verla mejor.
FELIZ CARNAVAL
ALEJANDRO JAVIER BETANCOR MENDOZA
JURISTA
CONCEJAL DE LA FORTALEZA EN EL AYUNTAMIENTO DE SANTA LUCÍA DE TIRAJANA